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Título
Original: Le
Couperet
Director: Constantin
Costa-Gavras
Guión:
Constantin Costa-Gavras, Jean Claude
Grumberg
Producción:
Michèle Ray-Gavras
Fotografía:
Patrick Blossier
Música: Armand
Amar
Montaje:
Yannick Kergoat
Reparto:
José García, Karin Viard, Olga Grumberg,
Olivier Gourmet, Thierry Hancisse, Ulrich
Tukur, Yvon Back
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Sinopsis:
Monsieur
Verdoux asesinaba salvajemente a mujeres con
el único propósito de cubrir las necesidades
de su familia. Hoy en día, nuestro mundo
moderno sacrifica continentes enteros con el
fin de cubrir tanto nuestras inmensas
necesidades como las de nuestras familias.
Desgraciadamente, incluso en nuestros
propios continentes, la paz y la
tranquilidad están reservadas para unos
pocos elegidos, y sólo pueden conseguirse
dejando caer el hacha sobre la cabeza de
miles de los nuestros.
Tras quince años de fiel servicio a su
empresa, dedicado a satisfacer todas las
necesidades de sus patrones y accionistas,
Bruno D. un alto ejecutivo de una fábrica de
papel, es despedido de un d�a para otro
junto a cientos de sus compañeros como
consecuencia de una reestructuración económica,
o lo que es lo mismo, del "outsourcing o
subcontratación". Al principio, Bruno no
está demasiado preocupado. Es una persona
con una preparación excelente y está
convencido de que no va a tardar mucho
tiempo en encontrar un trabajo del mismo
nivel. Todavía es joven, tiene poco más de
cuarenta años.
Tres años después, sin haber encontrado
trabajo, se da cuenta de que, muy a su
pesar, se encuentra inmerso en una guerra de
desgaste. Ahora no es más que un soldado
raso cuya única misión consiste en
sobrevivir, preservar su propio bienestar
material y el de su esposa e hijos. No
tardará en descubrir que su bienestar, la
solidez de su matrimonio y el futuro de sus
hijos dependen de su éxito en esta
contienda. Así que con la ayuda de un arma
decide pasar a la acción y se lanza a
aniquilar a la competencia de forma metódica
y lógica. Después, realizará el asalto final
a la fortaleza de la Corporación Arcadia el
último obstáculo que se interpone entre él
mismo y el trabajo que desea. Pero como
cualquier soldado al que han llamado a filas
apresuradamente y carece de la preparacón
suficiente, su inexperiencia le llevará a
cometer hazañas de una torpeza increíble. A
pesar de todo, tiene éxito y consigue
temporalmente, no cabe duda- un trabajo a su
medida, salvando el futuro de sus hijos y su
matrimonio, o al menos eso cree él.
Un caballero moderno y solitario que no
lucha contra molinos de vientos, no lucha en
pro de un ideal, de la humanidad, de la
justicia. No se enfrenta a los malvados
terratenientes para proteger a las viudas y
los huérfanos, lucha por él y los suyos. En
definitiva, lucha por él mismo, comportándose
como el resto de nosotros, que damos la
espalda a la solidaridad, al ayudarnos los
unos a los otros y a los sueños utópicos,
para sumergirnos, día tras día, en las
profundidades del egoísmo, el miedo y la
ansiedad que genera este conflicto.
Al igual que el Monsieur Verdoux de Chaplin,
Bruno, nuestro h�roe, oscila entre lo ridículo
y lo vil, entre la risa y el llanto, entre
el valor y la cobardía, mientras intenta
mantener la compostura y la dignidad. Hoy ha
dejado de ser ayer. Bruno, al igual que
Verdoux, serïá recompensado por sus
esfuerzos e intentará desde su baluarte, el
despacho de la Corporacón Arcadia, mantener
la lucha letal contra los de su especie para
mayor gloria de sus peores enemigos.
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