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La zona
más castiza para el chateo en Jaén es la más cercana a la Catedral.
Alrededor de los callejones laberínticos, que recuerda un adarve árabe, se
reúnen un puñado de bares y tabernas en las que se reúnen ambientes
variopintos, los de más sabor de la ciudad.
El origen de la
calle del Arco del Consuelo es netamente medieval. Su traza ya estaba compuesta cuando la actual
catedral era aljama o mezquita mayor. El callejón quedaba encerrado entre
la muralla por abajo, que bordeaba la actual calle Cerón, y la calle
Maestra, vía neurálgica de la ciudad. Se encontraba también
justamente al lado de una de las puertas principales de acceso a la
ciudad, la de Santa María, que se encontraría en la embocadura de la actual calle Campanas. Era
por tanto zona céntrica. Posiblemente albergara el zoco: reunía todas
las condiciones, desde luego. El actual arco se abrió posteriormente para
comunicar ambos tramos del actual callejón, lo que acentuaba aún más su
condición de adarve.
Lo cierto es
que actualmente alberga tabernas centenarias, lo que ha fijado su función urbana nítidamente.
La gente de
Jaén llama de forma distinta a este espacio. Se le conoce como "Las
Tascas", sobre todo entre los jóvenes. Los más castizos, los del
Jaén d e toda la vida, le llaman "El Callejón". Por lo del
Callejón del Arco del Consuelo. Aunque, los más mordaces, también lo
dicen por eso de que sea el Callejón de los Borrachos.
Independientemente
del vino, este espacio urbano posee todo el encanto por su
tipismo. Además de su disposición intrincada en la que
participan cuatro ramales de callejón y una pequeña plazoleta, de forma
completamente asimétrica, sus macetas colgadas de las fachadas, los
barriles de madera que ocupan sus rincones, las galerías altas, un
elemento urbano en peligro de extinción, o el propio arco que le da
nombre al callejón, conforman un paisaje urbano recogido e íntimo.
Pero, claro, al
Callejón se va a beber, a comer y a charlar. Tal vez más a esto último.
En realidad, pese a que el Arco del Consuelo tiene una configuración y
una definición propia, al establecer un itinerario completo de la zona
nosotros hemos preferido abarcar sus alrededores. Son lugares comunes
que, en cualquier caso, guardan conexión entre sí. Así, en esta serie
de artículos nos referiremos también a lugares de la calle Cerón y de
la Calle Maestra.
Subir al
Callejón no es garantía de encontrar un ambiente asegurado en el
sentido clásico del término. El callejón tiene ciclos. Ciclos en los
que se pone de bote en bote y un viernes por la noche no se puede entrar.
Ciclos, más tranquilos, en los que sus locales albergan un ambiente más
elegido, más interesante, si acaso.
En realidad, y
sin querer hacer de este comentario una norma estricta, a nuestro juicio
hay dos ambientes, tal vez esto se lo puedan aclarar con mayor precisión
los taberneros: el del medio día y el de la noche de fin de semana. En el
del medio día se conoce todo el mundo. El de la noche es... otra cosa.
Realizar
una guía del callejón por tanto es más una misión más sentimental que
informativa. Por eso, en este ir y venir de los años por este rincón de
la ciudad, además de las que están, de las que damos cuenta en parte,
porque es seguro que alguna se nos quedará atrás, en la memoria se nos
quedan prendidas otras que ya sí que no están. Así, la recientemente
cerrada "El rincón de Medina". También el Quelly, una
pizzería donde era posible comer el mejor pescado de Cádiz que se
degustaba en Jaén, o, y aquí permitan un punto emocional, el hace tiempo
desaparecido Tito Adri.
Hay
esencialmente, además de los yantares, un atractivo añadido a este
lugar. Un atractivo que no se muestra, desde luego, a cualquiera: es
necesario observar, pegar el oído, confraternizar un poco. Nos referimos
a los tipos humanos que habitan estas tabernas. Encontrarán fotos suyas
colgadas de sus paredes. Son personajes realmente únicos, unos por su
sentido del humor, surrealista, cáustico o cínico, según el caso. Otros por su enorme compenetración de la ciudad. Otros cantan
flamenco. Otros escriben, o pintan, o también dirigen empresas. Es
el ambiente bohemio de una pequeña ciudad, en el que se entremezclan con
soltura profesionales, intelectuales, políticos, sindicalistas,
fontaneros, albañiles o, simplemente, amantes del vino peleón.
Y de entre
todos los tipos humanos, destacan los taberneros. Son los personajes
inalterables en este paisaje humano. Llevan con sus negocios a cuestas
toda la vida, algunos haciendo lo mismo que hacían sus padres. Son los
que conocen a todos, aunque algunos crean que les son desconocidos, y
aportan, además, una enorme influencia sobre la forma de hacer las cosas
aquí, en el Callejón.
1.
Gorrión. Sin duda la taberna más antigua de
Jaén: data de 1.888. Y la más conocida, celebrada,
visitada... Gorrión tiene un lugar de honor en la tradición tabernera
jiennense, tanto por el local en sí, como por la saga familiar de
taberneros que la han ido atendiendo a lo largo de décadas, conocidos de
sobra por los jaeneros. Paco es el actual dueño y heredó el negocio de
su padre: serio y discreto, casi de adusto ademán, ejerce con
determinación su oficio ayudado por Nicolás, poeta y tabernero. Lo que
más sorprende desde luego al entrar en él es la decoración. Sus paredes
aparecen tapizadas por fotografías, recortes de periódico, poemas,
letrillas de coplas, carteles taurinos... A través de ellas es posible
recorrer no sólo la historia de la taberna, sino de buena parte de la
ciudad y de los que la habitan. Entre todas las curiosidades que en ella
encontramos, es muy celebrado su jamón momificado, que puede ser visitado
en su bodega y de curiosa historia. Eslava Galán, en su novela En
busca del Unicornio, que le valió el Premio Planeta, la cita como
punto de encuentro de sus protagonistas. Sin embargo, no deja de ser, como
él mismo dijo, un guiño a sus paisanos porque aunque antigua, no llega
la cosa al siglo XIV.
En
Gorrión son celebrados sus vinos añejos, su queso manchego muy curado y
picante y el jamón. Pero también se sirven conservas, otros embutidos,
como el salchichón tipo sendra, y, muy a recomendar, sus ensaladas de
tomate de la huerta de Jaén con cebolleta picada.
2.
La Manchega.
También centenaria, esta taberna es conocida por
sus bocadillos: bocadillos, medianos y muy económicos, de morcilla, de
chorizo, de embutidos varios, sus "líos" (corazones
de alcachofa, anchoa y mahonesa), anchoas...
y por supuesto, de lomo a la
plancha con tomate. También por su vermú rojo
casero.
En sus bancos de
madera se arremolinan los fines de semana jóvenes y no tan jóvenes ya en
busca de un último bocado antes de comenzar a tomar copas.
Sin embargo,
la Manchega dispone en su parte baja de una bodega en la que se puede
disfrutar de una excelente cena o almuerzo, con cierta intimidad, y en la
que dispone de una carta de vinos de cierta calidad. Sus precios siguen
sin ser excesivos y con seguridad sentirá en ella una cierta sensación
atemporal, como si no importara demasiado a qué alturas de siglo nos
encontramos.
3.
Alcocer.
Si no tan antigua como las anteriores, al
Alcocer su propietario, Pedro, le ha dado toda la entidad necesaria para no
desmerecer de ninguno de sus vecinos. Su cocina es sencilla, con
predominio de la plancha, pero en sus raciones hay mucho de buen hacer y
de sentido común.
Su ambiente tal
vez sea menos castizo que el de otros locales de la calle, pero también
tal vez de edades más intermedias, más relacionado con las nuevas clases
urbanas. Si no sabe qué pedir, deje que el mismo Pedro le indique: fíese
de un tabernero honrado y, con seguridad, no saldrá defraudado.
4.
82. Pese al enorme mostacho que luce su propietario, el 82 no
tiene, que sepamos, nada que ver con otro tabernero muy conocido de la
ciudad, pese a que alguno insista en llamarle de la misma manera: bigotes.
La principal característica de este bar estriba en la abundancia de
sus tapas y raciones, compensados por precios realmente económicos. Abajo
cuenta con una pequeña bodega en las que se celebran reuniones de amigos
en intimidad en las que se come mucho y barato.
5.
El Rincón del Consuelo.
De las tabernas abiertas en el
Callejón, esta es la más reciente. Si a eso le añadimos que es
justamente la que ya pega al fin del callejón, ya comprenderán porque
popularmente se le ha venido a conocer como "El último de la
fila", descripción tal vez no muy ingeniosa, pero desde luego
fuertemente descriptiva. Su decoración sevillana y su amplitud, al menos
en relación al resto de los locales, le da un ambiente algo diferente a
sus vecinas. Su carta de tapas y de raciones es interesante, predominando
tanto los quesos y embutidos de calidad como las tapas calientes.
6.
Mokka.
Si finalmente decide quedarse a almorzar en esta zona,
en esta cafetería podrá tomar un café con unos pastelillos que
complementarán la dieta de tapas a la que se habrá sometido. Si no ha
pasado ya antes en su recorrido, porque la cocina de este local es,
realmente, digna del callejón que la acoge.
7.
Los Amigos. Poco ha cambiado en esta taberna, ya en la calle
¿Bernardo López?, paralela al Arco del consuelo, en los últimos 23
años, desde que entré en ella por primera vez. Ni su barra, que deja un
rincón al final que les confieso que durante años fue mi favorito, ni
sus tapas ni su ambiente. Preferida por los jóvenes por sus precios tan
asequibles, además de las tapas de siempre en Los Amigos se comen
excelentes bocadillos. Recomendamos los Líos y los Pinchos en Bollo.
8.
La Peña Flamenca.
La Peña no es un local público. En el se
reúnen sus socios para hablar de flamenco mientras se toman unas cañas o
una botella de fino y, como es natural, a escuchar flamenco en su salón
interior. Pero si tiene la oportunidad de que le inviten a una de sus
sesiones, deje cualquier otro compromiso y acepte. Su ambiente reúne en
franca camaradería a algunos de los principales personajes de la ciudad y
realmente en sus reuniones se puede apreciar amor y conocimiento por el
cante. La Peña edita una revista ciertamente interesante y con excelentes
detalles titulada Candil, con una versión en internet a la que podrá
acceder desde nuestros índices.
9.
Manila.
Hace años la calle Maestra era la calle señorial de
la ciudad y en ella se abrían algunos locales en los que las tertulias o
los cinematógrafos eran frecuentes. De aquellas cafeterías
modernas en su época pervive ésta, el Manila. Prácticamente a la vera
de la catedral, su terraza o sus mesas situadas junto a sus dos ventanas
son el mejor lugar posible para dejar pasar una mañana o una tarde
acompañada de un café, leyendo o simplemente viendo a los vecinos pasar.
Dispone de un comedor y su cocina es celebrada por los paisanos. Precios
medianos.
10.
Montana. Este bar introdujo en Jaén el otro sistema de tapeo
andaluz: el de la tapa a demanda y pagada aparte. Afortunadamente, su
sistema no prosperó, aunque no por ello a Montana se sigue yendo a tomar
una cervecita con unas patatas bravas, una cazuelita de callos o unas
croquetas. Tapas con personalidad. Pero sobre todo Montana es lugar
obligado de desayunos y meriendas, por sus churros con chocolate, claro.
11.
La Barra. Ya en la Calle Cerón, este bar es sin duda
alguna uno de los de mayor sabor de la zona. Su disposición y decoración
lo corrobora. Su cocina es selecta y detallista. No olviden probar su
Rossini.
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