Jaén
es una ciudad antigua. Los primeros restos
arqueológicos, hallados en el monte de Santa
Catalina, en Caño Quebrado, y en Marroquíes
Altos, la actual calle de Cristo Rey, vinculan
los primeros asentamientos con la Cultura del
Argar, en el II milenio antes de Cristo,
aunque en sus alrededores abundan las pinturas
rupestres, incluso algunos restos de
arquitectura megalítica.
Este
conocimiento de la prehistoria
de la ciudad ha quedado en entredicho con los
descubrimientos arqueológicos de Marroquíes
Bajos, que se remontan a la Edad del Cobre y
que cuestionan la historia tradicional, que
partía de un esquema de desarrollo de la
ciudad en torno al monte del castillo.
Existen
también restos de asentamientos ibéricos
en el Puente Tablas, muy cerca de la ciudad,
donde se conserva un lienzo de muralla y la
Plaza de Armas, que pertenecieron a un
poblado.
Alrededor
del año 207 a.C. la ciudad es tomada por
Escipión y arrebatada a los cartagineses.
Tito Livio la describiría como una ciudad
opulenta, recibiendo los nombres de Auringi,
Orongi y Aurgi. No era en realidad una ciudad
demasiado grande. Se levantaría alrededor del
raudal de la Magdalena, corazón de la ciudad
antigua, y no se conservan restos urbanos: sí
estelas y mosaicos, muchos de ellos en el Museo
Provincial.
Vespasiano la declaró municipio en el año
74.
La presencia
visigoda
supuso un momento de decadencia para la
ciudad, en favor a Mentesa, La Guardia, hasta
donde llegaba el limes bizantino.
En
el año 712 cae en manos de los árabes.
La ciudad toma el nombre de Geen, que
significa "paso de caravanas".
La ciudad vivió una época próspera, sobre
todo a partir del siglo IX, cuando se
convierte en la capital de la cora de Yayyan,
nombre que al parecer también adoptó la
ciudad. La ciudad se fortificó y también se
construyó el castillo antiguo. De esta
época, se conservan algunos edificios, entre
los que destacan los Baños Árabes Califales.
La ciudad
pasaría a manos cristianas
en 1246, cuando Alhamar la entrega al Rey
Fernando III. Se fortifica el castillo y la
ciudad, que pasa a ocupar un lugar
estratégico por su cercanía con el reino
moro de Granada, lo que le vale
reconocimientos y privilegios reales.
Durante este
periodo fueron frecuentes las escaramuzas
entres moros y cristianos. El personaje más
destacado es el Condestable Miguel Lucas de
Iranzo, que ejerce como hombre de confianza de
Enrique IV, en el siglo XV. Testimonio de su
época es la "Crónica del Condestable
Iranzo", en la que se testimonia el
ambiente cortesano que se formó en su
entorno, dado a las fiestas y celebraciones.
Emprendió importantes reformas en la ciudad y
mantuvo luchas contra el vecino maestro de la
Orden de Calatrava.
Finalizada
la Reconquista, Jaén se convierte en una
ciudad próspera, capital del Reino del mismo
nombre. La abundancia de agua propicia una
rica agricultura y ganadería. La ciudad tiene
representación en Cortes y se beneficia de
sus privilegios reales. El Cabildo
Catedralicio gozaría de enorme poder y en
esta época se iniciaría la construcción de
la Catedral.
El siglo
XVII arranca con una profunda crisis, fruto de
las malas cosechas, epidemias y la política
de los Austrias, de continuas levas e
impuestos. La ciudad perdería
población progresivamente y se empobrecería,
lo que supondría el deterioro de los barrios
más antiguos. Esta crisis se mantendría
prácticamente hasta el siglo XX.
Durante la
Guerra de la Independencia se sucedieron
episodios sangrientos y los franceses
establecieron una guarnición en el castillo,
que volarían a su marcha.
Años más
tarde, su posición de lugar de paso le
implicaría en las Guerras Carlistas y por sus
tierras finalizaría la revuelta de Riego.
La ciudad es
nombrada capital de provincia en 1833, lo que
vendría a suponer un respiro en su proceso de
decadencia. Sin embargo, esta tendencia no se
rompería hasta 1960, cuando Jaén recobraría
impulso e iniciaría una nueva fase de crecimiento.
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