Las
costumbres identifican a los pueblos. Se
transmiten de generación en generación y
van tejiendo el hilo argumental de los
pueblos. Jaén posee sus tradiciones, que
tienen que ver con su inmediato pasado
campesino y que impregnan los relatos
costumbristas.
En este
breve resumen, habría que hablar en
primer lugar de sus manifestaciones
folklóricas. En primer lugar, de los vestidos
tradicionales, el de chirri para
los varones y el de pastira para las
mujeres. El primero consta de camisa
blanca abotonada, chaquetilla con
abotonadura sin abrochar, pantalón
campero con bocas acampanadas, con
aberturas, para dar paso a la bota
andaluza. El sombrero es de
"catite"; a la cintura, una faja
enrollada. La pastira usaba para diario el
popular traje de las lecheras, compuesto
por falda de canícula, el mandil, el jubón
o armilla de lana o raso negro bordeando
mangas y escote con un encaje blanco de
bolillos. La mantilla de pañete, raso o
terciopelo rojo amapola, bordeada con
felpones de terciopelo negro. El conjunto
se completaba con pañuelo de percal o
lana rameado sobre fondo oscuro, medias
blancas de telarillo y zapatos negros de
salón o zapatillas.
En
general, la provincia atesora un
importante catálogo de coplas y danzas,
tales como los fandangos, las jotas, y los
boleros.
También
ayuda a conocer las formas tradicionales
de vida los oficios, algunos ya perdidos,
entre los que destaca los relacionados con
la confección de arreos para la recogida
de la aceituna y su transformación, la de
herreros o la de bordadoras.
Otro
elemento cultural es el refranero,
en donde se condensa la sabiduría
popular. Uno referido a la paciencia:
"Con el
tiempo y una caña, serás el amo de España".
Y otro referido al clima de la ciudad:
"Cuando Jabalcuz tiene montera o
llueve o truena".
Entre
los ritos funerarios y de recuerdo a los
muertos es muy popular la cena de todos
los santos, en noviembre, en la
que la familia se reúne a cenar y deja un
cubierto sin usar en memoria de algún ser
querido ya fallecido. Otra costumbre es la
de rellenar las cerraduras de las puertas
con gachas, un guiso tradicional pastoso a
base de harina.
Algunas
costumbres se perdieron fruto de la
acción de los poderes públicos o del
desuso. Las tapadas,
por ejemplo, en la que los mujeres en
determinadas fiestas se disfrazaban de
forma peculiar y acosaban a los varones
por las calles, o los diablillos,
que desfilaban abriendo paso a la
procesión del Corpus, desaparecieron ante
el rigor de la Ilustración. También ha
caído en el olvido las procesiones de las
ánimas.
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