El repertorio
de leyendas de Jaén es amplísimo y procede
de los más variados momentos históricos,
encontrando siempre un hondo arraigo popular.
La más
conocida de todas, con la que la ciudad ha
encontrado un
alto grado de identidad, es la del Lagarto
de Jaén o de La Malena, nombre
popular del barrio más antiguo de Jaén, la
Magdalena. Un monstruoso lagarto que vivía en
la gruta del manantial atemorizaba a los
vecinos. Un preso se ofreció a liberarlos a
cambio de su indulto, lo que logró dejando un
rastro de panes que el monstruo siguió hasta
San Ildefonso, donde se tragó un saco de
pólvora que le provocó una fatal explosión. La
leyenda ha estado presente en la vida
cotidiana de la ciudad. Durante años se
conservó en el transcoro de San Ildefonso una
piel de caimán que se decía que era la del
Lagarto. Un dicho popular es "así
revientes como el lagarto de la Malena".
Por último, se ha buscado semejanza entre el
plano de la ciudad medieval, enroscada
alrededor el Monte de Santa Catalina y la
forma de este mítico animal. Leyendas
de época medieval son la de la Casa
de los Rincones, que habla de la
presencia en la ciudad de Pedro I el Cruel, el
Señor
de la Tarima referida a un caso de
sacrilegio entre judíos, el viaje
de San Eufrasio, antiguo obispo de
Jaén, llevado en volandas por diablos a Roma
para impedir el pecado del Papa y que se
relaciona con la llegada del Santo Rostro a
Jaén, o la de Santa
Catalina, que se sitúa en el momento
de la toma de la ciudad por Fernando III el
Santo. De
tema moro se conserva la leyenda de Caño
Quebrado, en la que una reina mora se
convierte en manantial ahogada en la pena por
la pérdida de su marido, o la de la Mantilla
Colorada, teñida de sangre de mozas
cristianas y que explica el origen de esta
prenda tradicional de la mujer jiennense. Inequívoco
sabor romántico guarda la de la Cruz
del Pósito, historia de enamorados y
honores afrentados de final trágico. Pero
no todas las leyendas tienen orígenes tan
remotos. Muy conocida en Jaén, por los
rumores de casos que podríamos calificar como
polstergeits, es la de la Casa
del Miedo, que arranca a finales del
siglo XIX. La de la Fuente
de la Peña, en la que un arriero
encuentra un niño que resulta ser un demonio,
data de mediados del siglo XX. Por último, en
la Merced
no hace tantos años se veían espectros
iluminados por las noches que resultaron ser
amantes que se cubrían con sábanas para
espantar a los curiosos.
+
INFO
|